Solitarios no somos todos

Existe cierto encanto en ser solitario, sin embargo, nadie puede decidir serlo o no. Se nace con ese sentimiento o sin él. Es un carácter que, aunque tiene que ver mucho con lo que te rodea y tus experiencias, se puede estar más predispuesto o menos, según cada uno.
Tras un finde más interesante que los anteriores de enero, ya que por la garganta no había podido salir para nada, me encuentro con un domingo de esos que son realmente jodidos. Las horas pasan a toda pastilla y no te queda tiempo ni para descansar del día anterior. Joder, tenía que haberme pedido libre este lunes.
Con un vaso de agua, ayer ya la liamos bastante bebiendo, una serie bajándose y la casa medio limpia medio sucia, se abren ante mí dos posibilidades. Abro el messenger y ahí están, más de 12 chicas, cada una con sus problemas, pero siempre simpáticas, dispuestas a darte conversación y a quedar, si es que algún día me decido de una vez.
Veo sus nicks y me las imagino, algunas incluso hablando entre ellas. Conversar con cualquiera me daría motivos para decir que el domingo ha terminado al menos algo bien. Pero cierro sesión. Hoy toca limpiar la casa, con una música muy suave de fondo y la compañía de mis pekeñas y el agua. Otro día hablaré con todas ellas. Pero hoy no. Hoy es un domingo solitario.
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