Historia de un sacrificio

Un post de una historia trágica pero con final kármiko feliz...
Todo empezó hace un año y medio, recién superado un virus de estómago, recaí enfermo por un dolor de garganta. Recién separado estaba perdido, solo y sin rumbo. Lo único que me hacía feliz era ir al gimnasio, donde podía descargar adrenalina y mejorar mi físico, dejando así que la mente no se parara demasiado a pensar.
El dolor de garganta pasó a faringitis, ésta a crónica y la decisión de los médicos clara: sólo el calor evitará que enfermes. El resultado, imposible ir al gimnasio. Semana sí semana no, recaía y siempre perdía lo recuperado, comenzaba desde el principio y cuando me cogía, volvía a caer enfermo.
Alrededor mío las cosas sucedían. Perdía una familia entera, la de mi ex-mujer, y con la mía no me llevaba bien. No podía salir de fiesta por mi garganta, con ganas sólo de estar en casa. Cuando no estaba enfermo, sólo me ocupaba de entrenar todo lo posible.
Llegado el calor, la garganta mejoró algo. Pero no mi muñeca, y mi tendinitis me impedía superarme más de lo que me gustaría, tanto que estuve meses sin pisar el gimnasio. La casa se quedaba sola. Mis pesas y mi gimnasio lejos. Llegado del trabajo, sólo quedaba ver la tele, nada más emprendedor me apetecía hacer.
Mientras tanto, aprovechaba para conocer chicas y más chicas. Gracias a mi esfuerzo por mantenerme en forma y alegre, muy pocas no quisieron algo más que un rollo.
Pasaron los meses y aunque como se puede leer en el blog, el verano lo pasé perfecto por parte de la garganta, con la vuelta al frío, desde principios de año no salí de casa hasta hace dos semanas. Pocas fiestas todas seguidas de apasionadas y atormentadas relaciones sexuales, donde ellas, llenas de mí y de sentimiento, reflejaban en los ojos algo que no puedo corresponder.
Hace dos semanas todo cambió. Mi garganta seguía doliéndome, pero estaba algo mejor, así que en lugar de esperar como siempre a estar mucho mejor, fui al gimnasio. Llegué exhausto, no encendí el messenger, vi un poco la tele y me acosté.
Al día siguiente la garganta seguía igual, pero volví al gimnasio. Llegué menos cansado a casa y la garganta me dolía menos. Así estuve 14 días seguidos, incluyendo fin de semana y algo es diferente. El dolor de garganta a veces está ahí, pero mi médica me asegura que puedo llevar vida normal, si consigo acostumbrarme.
Ya no salgo con mujeres con las que pasar la noche sin ropa. Ya no bebo nada frío y mi despensa está llena de refrescos que tomo calientes. No bebo agua del grifo por evitar infecciones. Llevo siempre, día y noche una bufanda. En la calle me asfixio de calor pero nunca, en ningún momento, paso frío. Tomo jalea real, pastillas de propóleo, spray de Erisimo muy potente y aún así mi garganta sigue delicada, pero aguantando.
Sobre todo, el no salir con chicas semidesconocidas, el no pasarme las noches de fin de semana bebiendo alcohol frío o con hielo, eso me permite ir al gimnasio.
Llevo casi 3 semanas yendo al gimnasio y ya he recuperado algo de lo que tuve un día hace mucho tiempo. Y por primera vez desde hace casi dos años, sin que sea verano, estoy satisfecho. No sólo no hago daño a nadie, sino que me hago mucho bien. Es como el enfermo de algo más grave que aprende a vivir con ello y sacrifica mucho a cambio de estar contento.
Ya no bebo cerveza fría, ya casi no salgo, ya casi no ligo porque todas las que conocía han dejado de llamarme de forma absoluta, pues tras pasar meses con excusas de faringitis, lógicamente se han cansado, y hasta ahora tengo que beber café caliente para aliviar mi garganta, hacía 10 años que no bebía.
Pero a pesar de todo, no falto ningún día al gimnasio. Así que para mí, está más que bien.
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