
Lamentablemente, la novela de Mael Loureiro se engulle a una rapidez pasmosa. Y tan sólo me queda la última parte. Pero sólo lo que disfruto mientras la leo ya creo que ha valido la pena. Los mejores 15 € que he gastado nunca en un libro. Lo cierto es que repasando todos los que tengo en casa, de terror prácticamente no tenía ninguno. Y de hecho, no sé si calificar Apocalipsis Z más de terror o de acción, como pasa con casi todas las películas de zombies.
Leo sus líneas y me imagino las escenas, como si en mi mente ya se estuviese rodando la película del libro: Una furgoneta dando bandazos por una ciudad. Se me mezclan recuerdos de Need for Speed Undercover con imágenes de zombies siendo aplastados por la carrera. El libro tiene de todo. Sobre todo tiene terror, pero también gore, thriller, suspense, mucho suspense, un poco de drama, no demasiado la verdad, por el momento nada de romance, pero bastante comedia y, de forma increíble, un dominio de la literatura brutal.
Narrar escenas de acción ya es difícil de por sí, pues el escritor gallego lo consigue tan bien, que hasta parece que sea fácil. Además, algo que agradezco mucho, mezcla muchos géneros literarios. Desde el epistolar característico de un blog, hasta el de un diario, para pasar a la narración en primera persona de experiencias vividas y, de momento, un par de fragmentos en tercera persona, con los que te imaginas perfectamente la situación.
Este post no habla de sexo, no habla de música, ni de gimnasio, ni del finde. Y es que, aunque esta semana voy a disfrutar de todas esas cosas, lo cierto es que de la cabeza no se me va cómo el protagonista de Apocalipsis Z, su gato Lúculo y el resto de personajes, se enfrentan a todos los fascinantes problemas que les surgen, desde doblar una esquina y encontrarse con una zombie vestida para follar, hasta urdir un complejo plan para huir de lanzacohetes enviados por unos tipos misteriosos de Europa del Este.
¡Un aplauso a Loureiro por esta obra!


















